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Tecnología, la evolución de la caja automática

Lo que actualmente no tiene mayor novedad, en la década del cuarenta significó un gran avance para el automóvil. La transmisión automática se inventó sin querer hacerlo, en el Ford T, y sobre esa base otros fabricantes vieron muchas posibilidades y un gran futuro para ese mecanismo desprovisto de embrague.

Por Leonardo Pacheco

Nombres como Multitronic, Tiptronic, Steptronic, S-tronic, etc, son recurrentes a la hora de revisar la descripción técnica de un automóvil moderno. Y medio siglo atrás las denominaciones HydraMatic, FluiMatic y PowerMatic, entre otras, eran las más utilizadas por los fabricantes norteamericanos; claro que al final de cuentas eran lo mismo… una caja automática, así de simple. Pero cada quien es dueño de ponerle un poco sazón al momento de elegir un apelativo.

Pero dejando de lado el marketing y concentrándonos en los aspectos básicos que resumen la historia y evolución de las cajas automáticas, lo único que podemos decir es que se trata de un mecanismo absolutamente ingenioso y que, aunque nos resulte extraño, se inventó sin querer hacerlo.

Esta historia comienza a escribirse con el Ford T, en 1908, el popular modelo que puso a Estados Unidos sobre ruedas. Ese ejemplar estaba equipado con una transmisión cuyo engranaje planetario del diferencial se operaba directamente con un pedal, lo que permitía detener la caja de piñones e insertar una velocidad, hacia arriba o abajo, sin necesidad de desacoplar el giro del motor de la caja de velocidades.

Técnicamente no había embrague que operar, porque no hacía falta para pasar de un cambio a otro, y ese simple mecanismo comenzó a ser observado y replicado años más tarde; Henry Ford no inventó la caja automática pero señaló el camino para que otros lo hicieran.

La historia señala a la caja automática HydraMatic, presente en los ejemplares Cadillac y Oldsmobile de 1941, como la primera de este tipo que se usó masivamente, con números de esa época claro está. Esta transmisión automática, de tres velocidades, fue la única más confiable en la citada década e incluso conservó esa reputación hasta mediados de los setenta, solo sumándose pequeños ajustes a su esquema básico; de esto se deduce que la caja automática nació y se desarrolló en Estados Unidos, en tiempos de la posguerra.

Tecnología alemana 

Pero no todo fue perfecto, porque en las transmisiones equipadas con convertir de torque en lugar de embrague las fallas eran recurrentes, las reparaciones costosas y su eficiencia estaba en tela de juicio. Ofrecían comodidad al usuario, de eso no hay duda, no obstante sus debilidades eran tan numerosas que al final se notaban más que sus virtudes.

La historia comenzó a cambiar a mediados de los ochenta, cuando la firma alemana ZF, principal proveedora de estos conjuntos, diseñó un tipo de transmisión automática equipado con un convertir de par más resistente, preciso y que en su interior tenía discos de embrague que se coligaban de manera centrífuga… es decir por la acción de la turbulencia generada entre ellos.

Ya en los noventa las cajas automáticas presentes en los modelos de Mercedes-Benz, Audi y BMW, por nombrar algunos, funcionaban sin tropiezos y la masiva utilización de la electrónica hizo posible mejorar aún más su buen desempeño, e incluso crear mecanismos menos complicados en su número de piezas y con menor tamaño; en este periodo de tiempo la caja automática debutó en los segmentos generalistas.

 

En los 2000 aparecieron las transmisiones automáticas secuenciales, y en un par de años comenzó a oírse la definición técnica “doble embrague”; esos eficientes conjuntos robotizados se apoderaron de los segmentos donde habitan los ejemplares deportivos. Porsche adoptó esta tecnología y la mejoró hasta alcanzar la perfección, una evolución tan vertiginosa que nos hace pensar que la citada firma alemana fue su creadora, pero no es así. La primera patente de una caja de doble embrague se registró en 1939, en Alemania por supuesto.

El dominio de la ciencia electrónica hizo posible alcanzar grandes logros en esta área, lo que ha puesto a disposición de los usuarios una enorme variedad de transmisiones automáticas confiables y eficientes en su uso; atrás quedó su cuestionable reputación.

Y con respecto a la caja CVT, de tipo continua variable, esta tiene una historia de desarrollo muy parecida a la de la transmisión automática, con la salvedad de que en este caso no nació sin querer ni fue creada para automóviles de uso particular… fue concebida en una primera etapa para impulsar grandes maquinarias y vehículos militares. La extinta marca holandesa DAF la patentó en 1950.