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Reportaje, la evolución del habitáculo

Todo comenzó hace más de 130 años cuando se patentó el primer automóvil. En ese momento surgió la necesidad de estar cómodo frente a los mandos y durante el viaje, por lo que a medida que ese invento se fue desarrollando también lo hizo el habitáculo; veamos cómo ha evolucionado en casi dos siglos.

Por Leonardo Pacheco

En los primeros automóviles no se ofrecía ningún accesorio destinado a la comodidad y, mucho menos, a la seguridad de los ocupantes. Una silla de material tejido, mimbre o cuerdas entrelazadas, era lo único que se incluía para ofrecerles al conductor y a sus acompañantes una cierta cuota de agrado. Tampoco había parabrisas así que los insectos y el clima hacían de las suyas, por lo que dentro del atuendo de los automovilistas siempre estaban presentes un abrigo grueso y unas gafas.

De a poco el panorama fue cambiando, y a comienzos del siglo XX algunos fabricantes se compadecieron e incluyeron algunos aditamentos –que se pagaban aparte- destinados a mejorar la experiencia a bordo… si es que en algo podía mejorar en esos años.

Un pequeño parabrisas evitaba el ataque de los agentes externos, los asientos se tornaron más mullidos mediante la cobertura de piel y la aplicación de algodón o plumas como relleno, el techo tipo fuelle debutó en la industria del motor y pequeños compartimientos se encargaron de brindarle servicio a los viajeros; comenzó a oírse el término guantera.

A medida que las carrocerías fueron cambiando, de lucir como un carruaje para adoptar una identidad más definida y propia, comenzaron a incluirse las ventanillas laterales e incluso las puertas, aunque hoy eso nos parezca un chiste. Y una vez que el habitáculo comenzó a sentirse como tal, como un refugio para los ocupantes, los artistas del diseño se interesaron en mejorarlo.

De 1930 en adelante los habitáculos comenzaron a cambiar velozmente, tanto así que los fabricantes de alcurnia los dotaron de tantos lujos que más bien parecían una sala de estar rodante, tan confortables como las casas de los automovilistas; recordemos que en esa época no cualquiera podía comprar un vehículo.

De lo natural a lo artificial

Los materiales utilizados los proveía la naturaleza, como el cuero, la madera, la seda y los metales embellecidos. Claro que también existían los habitáculos menos ostentosos, en los cuales el caucho, los textiles y maderas económicas se encargaban de confortar a los usuarios; un polímero denominado lacre se usaba con frecuencia para moldear la empuñadura del volante… era quebradizo y olía mal.

El diseño llamativo se encargó de satisfacer la vista, pero la funcionalidad y la ergonomía eran temas desconocidos. Y qué decir de la seguridad, que entre las décadas del 40 al 70 se tomó a la ligera hasta que el abogado Ralph Nader puso el grito en el cielo y los fabricantes, estadounidenses en su mayoría, debieron considerar la seguridad dentro de la ecuación; muchos usuarios resultaron heridos por causa de esas enormes perillas y palancas instaladas en los tableros.

Fue así como se mejoró la seguridad del habitáculo, mediante zonas acolchadas, mandos menos prominentes, asientos anatómicos y cristales inastillables. Claro que la modernidad trajo un gran problema, la aparición de los uretanos y los plásticos no reciclables, e incluso de ese mal llamado ecocuero, que no es otra cosa que un material denominado vinilo… más conocido como PVC (cloruro de polivinilo).

El tema en sí, es que los habitáculos siguen y seguirán cambiando, modernizándose y sumando accesorios. Claro que la idea es simplificar el puesto de conducción y aumentar el espacio para los ocupantes, y eso muy pronto se logrará mediante la conducción autónoma… al prescindir del volante e incluso de la pedalera; la tarea de conducir será asumida por la electrónica.

Otro asunto importante de comentar, es que los fabricantes están volviendo a las coberturas naturales, y a falta de ellas están utilizando polímeros reciclables extraídos de material orgánico, como por ejemplo de las plantas. Lo que se busca es no dañar el medioambiente como primera medida, y en segundo lugar está el ofrecer habitáculos tecnológicos, confortables e incluso modificables, cabinas concordantes con lo que exteriormente mostrarán los automóviles del futuro.