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Mazda CX-30, cinco razones para elegirlo

Este crossover se ubica entre los ejemplares CX-3 y CX-5, presentándose como una interesante alternativa para quienes buscan un automóvil apto para enfrentar rutas agrestes pero que no desean pasarse a un SUV. Es como un hatchback con esteroides, en el que se anuncian dos plantas motrices e incluso tracción AWD en algunas versiones.

Por Leonardo Pacheco

Fue a principios de año cuando este crossover de Mazda se sumó al mercado nacional, aunque antes de conocer su propuesta técnica y planteamiento comercial no entendíamos cuál era su propósito. Pero todo quedó claro luego de la presentación realizada por los ejecutivos de la firma japonesa, quienes explicaron que el CX-30 es como un CX-3 pero vitaminado y entrenado para las actividades off road, siendo además una alternativa para quienes no se sienten a gusto ni con el CX-3 ni con el CX-5.

La propuesta de este modelo se base en dos plantas motrices, ambas gasolineras y pertenecientes a la familia SkyActiv-G. La primera de ellas ofrece 2.0 litros de desplazamiento y nos entrega una potencia máxima de 153 CV a 6.000 rpm y un torque de 200 Nm a 4.000 vueltas por minuto. La unidad más poderosa es de 2.5 litros y desde ella brotan 186 CV a 6.000 rpm, además de un par máximo de 252 Nm a 4.000 revoluciones; se trata de motores atmosféricos de alta eficiencia… que es la base de la tecnología SkyActiv-G.

El line up también permite elegir entre dos tipos de transmisión: mecánica de seis velocidades y automática con el mismo número de desarrollos. Tal como lo anticipamos, el CX-30 está provisto de tracción delantera, en las variantes iniciales, pero es posible inclinarse por versiones equipadas con tracción integral permanente (AWD), y mejor aún sin necesidad de pasarse a la unidad motriz de 2.5 litros.

El importador, Derco, ha determinado la presencia ocho versiones, un abanico de posibilidades bastante amplio pero sumamente claro en la oferta de equipamiento y en lo que se refiere a ficha técnica. Los precios van desde $14.690.000 hasta $21.890.000, con bonos incluidos, valores aterrizados por los que se obtiene un automóvil muy bien construido y que nos ofrece un manejo perfecto en todo el sentido de esa palabra.

Estas son las cinco principales razones por las que recomendamos adquirir un Mazda CX-30.

1) La marca pasó de lo general a lo aspiracional

No se puede negar que este fabricante se ha superado a sí mismo, porque de ser una marca generalista y sin mayores ambiciones, ha evolucionado hasta el punto de estar incerta en las altas esferas del mercado internacional; en nuestro país sus productos son bien valorados por los usuarios.

Lo más destacable de este vertiginoso avance, es que Mazda ha mantenido la cercanía con sus adeptos, se rige dentro de rangos abordables en los costos de mantención y sus productos, sin ser económicos, se ubican dentro de margenes muy razonables de precios… considerando la calidad ofrecida.

2) Posee el tamaño correcto y su diseño es muy atinado

El CX-30 mide 4.395 mm de largo, 1.795 mm de ancho, 1.540 mm de alto y cuenta con 2.655 mm de distancia entre ejes. Son cotas adecuadas para el uso urbano, para estacionar en esos pequeños espacios que se ofrecen en la urbe, y por supuesto que las citadas dimensiones no sacrifican la volumetría interior… sino que al contrario. Cinco ocupantes viajan cómodamente y el maletero puede recibir un mínimo de 430 litros.

El diseño exterior, basado en el lenguaje Kodo, es otra de sus cualidades, una propuesta arquitectónica que no luce exagerada y que no abusa de los aditamentos relacionados con el off road, como esas protecciones de resina que cubren la parte baja y menos el espacio libre que hay en el arco de rueda; todo está presente en su justa medida.

3) La calidad de este crossover impuso nuevos estándares

Tanto la materialidad como el equipamiento de serie son destacables, cualidades que no pasan desapercibidas y que por supuesto esperamos hallar en un automóvil de esta marca. Los polímeros presentes en el habitáculo lucen y se sienten bien al tacto, percibiéndose además una alta prolijidad en las terminaciones.

Ya en la versión “básica” la lista de equipamiento rompe las reglas tradicionales del segmento, ofreciendo un sistema de conectividad de última generación (Mazda Connect 7G) y ayudas electrónicas solo reservadas a los ejemplares de corte premium, entre ellas el control dinámico de estabilidad (DSC).

4) Dos motorizaciones de alta eficiencia y gran potencia

Como ya lo señalamos, el CX-30 nos permite elegir entre dos plantas motrices de la familia SkyActiv-G, bloques gasolineros (93 octanos) desarrollados con los únicos propósito de destacarse en los ámbitos del rendimiento y del performance; la variante 2.0 MT6 2WD ofrece 11,3 km/l en ciudad, 17,5 km/l en carretera y 14,6 km/l en ciclo mixto.

El motor de 2.0 litros eroga 153 CV, en tanto que la unidad más potente produce 186 CV merced a una cilindrada de 2.5 litros. Son números muy interesantes para un crossover, más aún cuando el costo de esta energía no se sale de contexto y que con un estanque de combustible podemos recorrer largas distancias; la clave está en la eficiencia… una vez más lo decimos, porque Mazda logró descifrar ese gran misterio.

5) Una perfecta integración entre hombre y máquina

Celebrada en todo el mundo es la metodología Jinba-ittai, que es un proverbio japonés que habla de la unión perfecta entre el jinete y su caballo. Mazda tomó esto de su cultura milenaria y lo aplicó a sus productos, dotándolos de un manejo excepcional y de una sensación táctil que no se puede comparar con la de ningún otro fabricante.

Empuñar el volante de un Mazda, del modelo que sea, es una experiencia sin parangón, un ejercicio que nos hace perder la noción del tiempo y del paso de los kilómetros. Los mandos son tan suaves y preciosos, y la suspensión tan eficiente que el cansancio físico no afectará a quien tiene la responsabilidad de conducir.