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Alfa Romeo, la casa lombarda cumple 110 años

El 24 de junio de 1910 se inscribe en el registro de comercio italiano la “Anonima Lombarda Fabbrica Automobili”, más conocida como A.L.F.A, nombre que en 1915 sumó el apellido del ingeniero napolitano Nicola Romeo. Así nace lo que hoy conocemos como Alfa Romeo, una marca que despierta pasiones y que está celebrando 110 años de vida.   

Por Leonardo Pacheco

Aunque no lo creamos Alfa Romeo se originó en el seno de una marca francesa, Darracq para ser más precisos. Sucede que el citado fabricante se desempeñaba con bastante éxito en el mercado italiano, comercializando taxis, y a pesar de que los números marchaban bien en 1909 Darracq se vio obligada a romper sus vínculos con sus primeros socios italianos y vender la mayor parte de sus acciones y sus instalaciones de Milán a otro grupo de inversores lombardos.

Ese simple juego de capitales cambiando de manos sembró la semilla de algo mucho más grande que una simple transacción. Aportó la tinta necesaria para escribir una de las historias más notables dentro del gran libro del automóvil, de una marca que en 110 años no ha hecho otra cosa que sumar adeptos y dibujarles una sonrisa a los amantes de la conducción.

El trabajo de la naciente Societá Italiana Automobili Darracq se enfocó en el desarrollo de una gama de ejemplares que cumplieran las expectativas de los compradores italianos, acostumbrados a las emociones fuertes. Giuseppe Merosi estuvo a cargo de los nuevos proyectos, un talentoso ingeniero que bajo la nueva estructura por fin pudo materializar un interesante automóvil equipado con motor de cuatro cilindros y 24 CV, siendo el primero de ellos producido en enero de 1910.

El cuerpo directivo de la compañía comenzó a sentirse disgustado con lo poco que aportaba el nombre Darracq a la sociedad, por lo que el 24 de junio de 1910 y teniendo claro que no necesitaban apoyarse en el nombre de un agonizante constructor francés para enfrentar el futuro, acudieron a las oficinas del registro de comercio italiano para inscribir el nombre de la sociedad “Anonima Lombarda Fabbrica Automobili”.

De dulce y agraz

A.L.F.A, así a secas, inició un vertiginoso avance. Los italianos vieron con buenos ojos a esos ágiles automóviles de 12 y 24 caballos, dependiendo de la versión elegida, y así llegaron los duros años de la Primera Guerra Mundial. La sociedad A.L.F.A debió asumir tareas bélicas bajo la solicitud del gobierno italiano, por lo que la producción y el desarrollo de automóviles pasaron a un plano secundario.

Por su parte Nicola Romeo, el segundo protagonista de esta narración, tenía un saludable negocio de maquinaria minera, y por supuesto que también se vio obligado a construir armas y municiones. Antes de finalizar la guerra la Societá Anonima Ing. Nicola Romeo se hizo del control de A.L.F.A, debido a que la Banca di Sconto le traspasó su paquete accionario al ingeniero de Nápoles… no eran tiempos fáciles para los grandes negocios.

Cuatro importantes empresas estaban en las manos de Nicola Romeo, así que una vez que finalizó la guerra y la economía volvió a moverse con cierta normalidad, A.L.F.A retomó la actividad pero construyendo locomotoras. Recién en 1923 se produjeron seis automóviles de tipo experimental, pero el escaparate de vehículos de pasajeros estaba vacío, no obstante uno de esos ejemplares destinados a probar avances mecánicos llevaba una nueva marca en su proa: Alfa Romeo.

El ingreso del proyectista Vittorio Jano permitió que Alfa Romeo dominara ampliamente en los grandes premios de mediados de los veinte, con el monoplaza P2 y el spider RLSS. Los éxitos deportivos aumentaron la fama de Alfa Romeo, pero la decisión de reducir las cilindradas de los ejemplares de calle fue lo que salvó a la compañía de la crisis económica que se vivió a inicios de los treinta; Nicola Romeo no solo sabía de automóviles, sino que también de negocios y su instinto era infalible.

En 1933 una buena parte del paquete accionario quedó en manos del Istituto per la Ricostruzione Industriale, porque en 1928 Nicola Romeo comenzó a alejarse de la empresa, la que dicho sea de paso estaba al borde de la crisis financiera. Por desgracia los nuevos “patrones” no buscaban la perfección sino que las utilidades, por lo que la mayoría de los ejemplares Alfa Romeo disminuyeron su opulencia técnica y las carreras dejaron de ser una prioridad; pero se mantuvo una gama especial, unos pocos modelos muy estilosos… entre ellos el 6C 2300 de 1934.

La Segunda Guerra Mundial destruyó la fábrica y frenó buena parte de los proyectos. La marca volvió a la actividad en 1946 bajo un estricto racionamiento, siendo los grandes premios la única vía de escape para los ingenieros de la compañía, un desahogo que resultó una pesadilla para los rivales de la firma lombarda, porque era imbatible.

Es una historia larga y llena de hitos, por lo que solo abordaremos las primeras páginas de este diario de vida. En la actualidad Alfa Romeo forma parte del grupo FCA, pasando antes por Fiat, y solo podemos decir que su catálogo de modelos es uno de los más bellos que existen en el mercado automotor. Un fabricante que cumple 110 años… una flama que está encendida hace más de un siglo, no es algo que deba pasar sin pena ni gloria.