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Mazda3 Sedán, un título bien merecido

Hace poco este modelo fue elegido el “Mejor Auto” del mercado chileno, en una premiación que cada año realiza la prensa especializada de nuestro país. Es por eso que esta prueba me parece tan necesaria, porque me permite corroborar en terreno las razones que llevaron a este Mazda a obtener tan importante galardón.   

Por Leonardo Pacheco / Fotos LP

En agosto del año pasado hizo su debut oficial la cuarta generación del Mazda3, en sus variantes hatchback y sedán. En ese minuto los voceros de la casa japonesa confirmaron que entre los objetivos del fabricante está el convertirse en una marca premium, un camino que ya ha empezado a recorrer y que seguramente le deparará más de una sorpresa; no es fácil cambiar el linaje de generalista a premium, y menos en un mercado tan competitivo como es el nuestro.

Pero creo que Mazda es un fabricante que ya posee un cierto pedigrí, no es un nombre cualquiera y solo basta con observar su gama de productos para confirmarlo, un abanico de posibilidades en el que se cuenta al deportivo MX-5 y al distinguido CX-9, entre muchos otros. Ahora bien, ascender a premium son palabras mayores, aunque me parece mucho más sensato fijarse el mismo objetivo que Peugeot hace algunos años… ser vista como una marca “generalista premium”.

Hablando del Mazda3 Sedán, puedo decirles con total seguridad que no cuesta fascinarse con un automóvil así de elegante y fácil de conducir. Les podría hablar del diseño exterior Kodo, vocablo japonés que se refiere a un Alma en Movimiento, pero prefiero pasar por alto esas sensiblerías y comentarles que se trata de un diseño aerodinámico y eficiente, un trabajo muy bien realizado desde todo punto de vista a pesar de que casi todos los recursos se gastaron en el proa; es verdad, luce recargada, pero no arruina el resultado final.

Importante también es destacar el hecho de que Mazda hace rato que encontró su identidad arquitectónica, un asunto incuestionable, así que no es extraño que este Mazda3 Sedán se vea como un Mazda6 en crecimiento; el protagonista de esta prueba mide 4.660 mm de largo, es decir 210 mm menos que el Mazda6.

Calza como un guante

Gracias a sus 2.725 mm de distancia entre ejes disfrutamos de mucho espacio en la cabina, la holgura ideal para que cinco viajeros adultos se acomoden sin inconvenientes. El compartimiento de carga, con todos los asientos en uso, se colma con 454 litros, nada mal tomando como referencia una vez más al Mazda6, el que pese a su mayor envergadura solo ofrece 26 litros extras.

Me acomodé fácilmente en el puesto de manejo, porque la butaca incluye tantas regulaciones que parece un sillón de barbero. Los asientos son anatómicos aunque un poco duros, algo que me causó incomodidad a medida que transcurrieron los kilómetros de esta prueba. Tampoco me agradó el caluroso y resbaladizo tapiz de cuero ecológico, que por desgracia es el mismo material que reviste a la empuñadura del volante; sufre los mismos inconvenientes.

Los instrumentos exhiben una gráfica muy fácil de leer e interpretar, y me parece una excelente decisión eliminar la interfaz táctil para reemplazarla por un monitor al cual se accede mediante un mando giratorio ubicado en la consola; es una eficiente manera de evitar distracciones mientras se conduce. Pero no todo es bueno, porque una parte de la pantalla se pierde de vista cuando la butaca se baja hasta ras de piso; parte del monitor queda obstruido con el borde del tablero.

La postura de manejo “a ras de piso” en lo personal me agrada, porque me permite mayor conexión con el asfalto y anticipar de mejor manera las reacciones del automóvil; es mi estilo personal de vivir el “Jinba Ittai”, expresión japonesa con la que Mazda explica el vínculo que se produce entre jinete y caballo… bueno, hombre y máquina en este caso.

Equilibrio perfecto

¿Qué hay bajo el capó? Nada menos que el motor más potente que se puede hallar en un Mazda3, la unidad SkyActiv-G de 2.5 litros, un bloque gasolinero que produce 186 CV a 6.000 rpm y 252 Nm a 4.000 giros por minuto. Estos erogues son administrados mediante una transmisión automática de seis velocidades, un conjunto muy ágil en la respuesta y que incluso modifica su carácter cuando seleccionamos la modalidad Sport; para hacerlo solo debemos empujar una pequeña tecla.

La unidad motriz se siente mejor en la zona alta del tacómetro, más aún en el punto donde la potencia se encuentra con el torque, que es al filo de las 5.500 revoluciones. En la ciudad se muestra presto en las salidas y en ningún momento noté falta de impulso por culpa de titubeos en el paso de los cambios, aunque al enfrentar una subida demasiado empinada, como en un estacionamiento subterráneo, la primera velocidad patina más de la cuenta antes de enviarle energía cinética a los neumáticos delanteros; la buena noticia es que dispone de Auto Hold.

En carretera esos 186 caballos se dejan sentir, porque casi sin darme cuenta sobrepasé los 150 km/h… una velocidad que por supuesto no está permitida en las calles de nuestro país. Les recomiendo estar atentos al velocímetro, porque a este sedán nada le cuesta adquirir un ritmo vertiginoso, alta velocidad que no detectaremos por efecto del notable sello acústico del habitáculo y de una suspensión suave como la seda.

La plataforma es perfecta, y no estoy exagerando la nota. Si bien el tren delantero se comprime notoriamente en las frenadas bruscas, este fenómeno no afecta ni el balance ni la estabilidad de marcha, porque al soltar el freno la carrocería recobrará inmediatamente su alineación y podremos continuar el viaje como si nada hubiese pasado; esta ventaja dinámica también se manifiesta y, sobre todo se disfruta, en los caminos revirados.

La dirección ofrece generoso feedback, pese a su asistencia eléctrica, y lo único mejorable es la poca capacidad que tiene la columna de dirección para soportar los golpes producidos por las imperfecciones del asfalto… todo va directo a las manos, lo que después de un tiempo causa incomodidad. Los frenos no se fatigan, siempre responden, aunque me agradaría que la ayuda electrónica se presentara en situaciones realmente necesarias, permitiéndonos mayor poder de decisión.

En resumen, estoy convencido que el Mazda3 Sedán se merece el galardón, porque no solo es un ejemplar muy bien terminado y equipado, sino porque además ofrece un desempeño intachable. Claro que no podemos verlo como el segundo automóvil de la casa porque no es barato… más de 18 millones de pesos con bonos incluidos, un precio que lo aleja de los compradores debutantes y que lo deja en desventaja frente a las opciones ofrecidas por Kia y Hyundai, entre otros. Al final de cuentas en el mercado automotor chileno se compite por precio, lo que deja la calidad relegada a un segundo plano; es una lástima que así sea.

 

FICHA TÉCNICA

Precio: $18.090.000 (Bonos incluidos)

Motor: 2.5 litros / Gasolina

Potencia/Torque: 186 CV / 252 Nm

Transmisión: Automática / 6 vel.

Tracción: Delantera

Vel. Máxima: 200 km/h

Rend. Mixto: 13,1 km/l

Largo: 4.660 mm

Ancho: 1.795 mm

Alto: 1.440 mm

Entre ejes: 2.725 mm

Cap. Maletero: 454 lts.