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SEAT Ibiza, no corre pero trota muy bien

La firma española prometió que volvería a formar parte del mercado chileno y ha cumplido su palabra con creces, porque no regresó tímidamente sino que lo hizo con casi toda su gama de productos. Y el Ibiza es el ejemplar que abre el catálogo, un hatchback del segmento B que en esta variante FR nos ofrece generoso equipamiento pero que en lo técnico nos deja deseando algo más.

Por Leonardo Pacheco / Fotos JB

Ya conocemos la historia de SEAT en nuestro país… así que lo mejor es ir directo a la médula y analizar la propuesta de este hatchback español. Es como un Volkswagen Polo, algo que por supuesto tiene mucha lógica y no nos sorprende, porque eso es precisamente lo que un grupo automotor busca al hacerse de varias marcas, compartir plataformas, trenes motrices y componentes. Luego de eso, de cada fabricante depende el dotar a sus modelos de ciertas cualidades de manejo que dicten las diferencias y ayuden a identificar a los compradores.

Al interior de SEAT los diseños son angulares, afilados como navajas y simétricos, una metodología que permite reforzar la nervadura, fundar carrocerías tonificadas y más voluminosas de lo que en realidad son; por supuesto que lo anterior también contribuye a optimizar la aerodinámica. Y vaya que el Ibiza es un buen ejemplo, porque solo basta con observar los resaltos practicados en la superficie del capó para darse cuenta que se trata de un cuerpo concebido para servirse del viento y no para resistirse a él.

Sin dejarnos llevar por el entusiasmo, diremos en el Ibiza destaca una proa absolutamente hermosa, espectacular en todo sentido, con una mascarilla escoltada por unos modernos faros de ledes, para terminar con una deportiva toma de aire inferior; este sector exuda identidad de marca. Una enorme letra “S” incrustada en el centro se encarga de eliminar dudas acerca de quién construyó este automóvil.

La plataforma mide 4.059 mm de largo, 1.780 mm de ancho y la distancia entre ejes es de 2.564 mm, anunciándose además una altura de 1.444 mm; citando a uno de sus futuros competidores, podemos decir que es un milímetro más corto que el nuevo Corsa y que el maletero es 46 litros más amplio que en el exponente alemán.

En el habitáculo la volumetría es correcta, considerando que se trata de un integrante del segmento B, pudiéndose acomodar cinco viajeros con las esperadas restricciones de movilidad para quien va en medio de la banca trasera; la elevación del piso es lo que molesta en viajes de larga duración. Los asientos son confortables, mullidos y anatómicos, mientras que de la insonorización podemos decir que se realizó un excelente trabajo.

El puesto de manejo es fácil de reconocer y en cosa de segundos ya habremos asumido la postura ideal frente al volante, componente que dicho sea de paso posee una empuñadura robusta y un borde inferior plano. Los materiales nos recuerdan la calidad de los Volkswagen construidos en Alemania, porque se trata de polímeros gomosos y acolchados, siendo las conexiones entre ellos un punto que por supuesto merece una alta calificación.

Diversión garantizada   

El Ibiza es un automóvil muy bien construido, de eso no hay duda, y en este caso la oferta de equipamiento colinda con lo que se ofrece en las altas esferas del segmento C, lo que es varios escalones más arriba; por eso es que su elevado precio no lo consideramos un punto débil. Con todo lo que se anuncia en los apartados de seguridad y confort, es imposible que cueste menos.

El tren motriz lo componen un bloque gasolinero de 1.6 litro que produce 110 CV y una transmisión automática de seis velocidades, conjunto que también se puede operar manualmente. Estamos de acuerdo en que existen otras alternativas, más eficientes y avanzadas desde el punto de vista tecnológico, pero la confiabilidad de este bloque -un viejo conocido al interior del grupo Volkswagen- es uno de los argumentos que respalda esta decisión.

El Ibiza es un hatchback esbelto, su peso no supera los 1.600 kilos, algo que por supuesto beneficia la dinámica. Esos 110 caballos son suficientes para lograr buenas aceleraciones, una cuota de reacción aceptable para la mayoría de los usuarios; según el fabricante va de 0 a 100 km/h en 10,4 segundos… en nuestra medición el cronometro marcó 10 segundos cerrados.

La caja automática no es la mejor compañera para este motor, al que de por si cuesta sacarle trote en rutas ascendentes. En modo directo la respuesta se torna tardía, se produce más ruido que avance, lo que de inmediato nos obliga a recurrir al modo secuencial; ahí la historia cambia. Merced al programa Tiptronic podemos exigirle más al Ibiza, llevarlo hasta sus límites y disfrutar de su notable aplomo en las rectas y, por supuesto, de su milimétrico balance en las curvas.

La dirección es tan precisa que hasta podemos jugar con ella y modificar la trayectoria en pleno viraje. Los frenos le quedan grandes, porque su poder de mordiente bien podría servir a los propósitos de un León Cupra, siendo casi imposible debilitarlos mediante el uso excesivo; no es un corredor de fondo, pero vaya que es entretenido de conducir.

Insistimos en que no se le equipó con el tren motriz más avanzado del grupo Volkswagen, prefiriéndose sobre eso una lista de accesorios eterna en lugar de ofrecer caballos y una pomposa transmisión. Pero la receta funciona, nos convence hasta el punto de perdonarle la presencia de un motor sencillo, porque en estricto rigor la sigla FR se refiere a un tema de equipamiento y no de alto performance; eso nos quedó claro desde el primer momento.

 

FICHA TÉCNICA

Precio: $13.590.000 (FR)

Motor: 1.6 litro / Gasolina

Potencia/Torque: 110 CV / 155 Nm

Transmisión: Automática / 6 vel.

Tracción: Delantera

Vel. Máxima: 190 km/h

Rend. Mixto: 14 km/l

Largo: 4.059 mm

Ancho: 1.780 mm

Alto: 1.444 mm

Entre ejes: 2.564 mm

Cap. Carga: 355 lts.