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Tecnología, desde lo analógico hasta la realidad virtual

Desde el preciso instante en que el primer automóvil del mundo salió a rodar por las calles, lo que sucedió hace más de 130 años, el conductor recurrió a la información contenida en el cuadro de instrumentos. Pero el clúster ha evolucionado considerablemente, pasando de tener un simple marcador activado por temperatura, hasta convertirse en una sofisticada central que muestra los datos en la forma de realidad virtual.                    

Antonio Salazar

El avance de la tecnología, aplicada al automóvil no se detiene, tanto así que cuesta ser sorprendidos por alguna innovación. Solo basta revisar lo que ofrecen los ejemplares más costosos del mercado para entender que vivimos en un mundo de ciencia ficción, el que hace una década formaba parte de un sueño, de los proyectos a futuro de los fabricantes.

Las innovaciones alcanzan todos los ámbitos, todo lo que guarda relación con el automóvil, pero en este reportaje abordaremos un tema en particular: el cuadro de instrumentos. Es un componente que nos resulta lo más normal del mundo, algo cotidiano y que usamos a diario, aunque a pesar de lo indiferente que nos parezca esa parte del vehículo no solo es muy importante sino que además ha evolucionado desde lo más básico hasta lo más avanzado.

En un principio el cuadro de instrumentos se remitía a un solitario marcador analógico, que no era más que un indicador de temperatura activado por el calor que se acumulaba en una pieza metálica con punta de grafito atornillada al motor; informaba tres parámetros, frío, normal y caliente, mediante una aguja que tiritaba al compás de los cambios de temperatura.

Tiempo después se fueron sumando los denominados “testigos”, que eran indicadores los que mediante un pequeña luz avisaban si algo andaba mal en la presión de aceite, la temperatura del refrigerante o si faltaba combustible. El indicador de velocidad o velocímetro debutó con éxito inmediato en la industria automotriz en 1890, aunque fue inventado dos años antes. En la actualidad su rango de error es cero, pero en esos años, y hasta los noventa, era normal entre un 5 y un 15% de inexactitud.

A medida que se fueron dominando nuevas tecnologías, como los reóstatos, resistencias y relés, componentes eléctricos todos ellos, se fueron desarrollando tableros mucho más completos desde el punto de vista informativo, y se logró además elevar la tasa de precisión.

El odómetro llegó para testificar los kilómetros recorridos, el tacómetro para informar las revoluciones del cigüeñal –de mucha ayuda en los ejemplares de alto performance- y habiendo transcurrido menos de cincuenta años desde su creación el automóvil ya incluía varios indicadores en el tablero.

El era digital

El instrumental analógico tocó techo en la década de los ochenta, por lo que la siguiente generación de marcadores no solo debía ser más precisa y ofrecer datos numéricos exactos, sino que lucir de otro modo… abandonar ese clásico formato de relojes con líneas y punteros. Fue así como debutaron, de un modo apresurado lamentablemente, los instrumentos digitales, la máxima expresión tecnológica de la época aunque su nivel de aceptación por parte de los compradores y su confiabilidad no fueron los esperados.

Los años ochenta fueron de ensayo y error, más error que ensayo, aunque no se puede desconocer que gracias a la tecnología digital por fin se pude ofrecer una información más completa, como por ejemplo la temperatura del refrigerante en grados, la presión del aceite en PSI y a ciencia exacta la velocidad y el rango de revoluciones del motor. Los usuarios de la época se sentían a los mandos de una aeronave, con el tablero colmado de luces titilando y números tipo DOS en todos los rincones.

Fiat, Porsche, Chevrolet, Saab, Volvo y Renault fueron las primeras marcas en introducir tableros digitales en algunos de sus modelos, avance que fue asumido más tímidamente por las casas alemanas Audi, BMW y Mercedes-Benz; está claro que prefirieron esperar un poco, la que fue una excelente decisión.

Pero la denominada era digital trajo consigo importantes cambios, los que ya en los noventa pudieron incorporarse de un modo masivo a los modelos no tan costosos incluso. Los líderes de esta tendencia fueron las marcas francesas, luego las alemanas e incluso los poco audaces fabricantes de Japón, liderados por Mitsubishi, aunque los tres grandes de Detroit prefirieron confiar en las tecnologías tradicionales, en menor medida Chrysler que algunos avances mostró en esta materia.

Los noventa y los años 2000 pasaron velozmente, pero no sin dejar una profunda huella en la industria. Las pantallas digitales salieron casi de la nada y ahora están por doquier, en un parpadeo se les dotó de tecnología táctil, y en la actualidad los mentados monitores están desapareciendo para dar paso a módulos virtuales de información cuyos datos se proyectan en el parabrisas; estos avances permiten limpiar el tablero y crear diseños mucho más atractivos.

Está claro que el conductor del futuro, si podemos llamarlo así considerando que ya se están probando los primeros automóviles autónomos, no necesitará que se le proporcionen datos como la velocidad… eso estará a cargo de la electrónica reinante. Pero sí habrá que ofrecerle diversión, conectividad y todas esas yerbas, por lo que en los próximos años veremos surgir una serie de nuevos centros de información, unos más asombrosos que los otros.