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Prueba Volkswagen Jetta GLi, un sedán cargado de adrenalina

Por Antonio P. Salazar

El fabricante germano sigue interesado en la silueta sedán, por lo que dentro de su gama de productos ofrece varias alternativas de este tipo, siendo la variante GLi del modelo Jetta uno de los representantes más potentes de esta categoría. Se trata de la sexta generación, habiéndose presentado la primera camada en 1984 como un intento de replicar el éxito alcanzado por el Golf GTi.

Pero además de una poderosa planta motriz el Jetta GLi apuesta por un equipamiento de nivel premium, por lo que no es fácil encontrarle un rival directo sin pasarse a las marcas aspiracionales. Cuesta un poco más de 21 millones de pesos, monto suficiente para acceder a un BMW o a un Volvo, lo que de inmediato nos lleva a entender que quienes se deciden por este producto tienen un fuerte lazo emocional con la marca o simplemente no desean entrar en el juego de las “etiquetas”.   

Diseño exterior

El GLi exhibe ciertas diferencias con respecto a las otras unidades Jetta ofrecidas por la marca. En el frontal destaca la amplia toma de aire oculta tras la mascarilla, y especialmente ese listón rojo que recorre todo el ancho de la proa; la sigla GLi descansa en el extremo derecho de dicha ornamentación.

Al mirarlo por los flancos queda en evidencia que este sedán intenta lucir como un coupé, ya que la arquitectura propone un techo rebajado, un tercer volumen respingado y corto y unos amplios arcos de ruedas; esta versión calza neumáticos 225/45 R18. La insignia roja GLi está adherida en el sector donde se asientan las puertas delanteras, y esas mismas tres letras están presentes en la zaga.

El Volkswagen Jetta GLi mide 4.697 mm de largo, 1.799 mm de ancho, 1.459 mm de alto y la distancia entre ejes se extiende hasta los 2.686 mm. Tomando estas cotas como referencia, podemos decir que el exponente de Volkswagen es 37 mm más largo que un Mazda3, y que el maletero del ejemplar nipón recibe 56 litros menos que el baúl del Jetta.    

Diseño interior

El habitáculo es espacioso y cargado de tecnología, punto en el que destaca la presencia de una pantalla de 10,25”, un enorme centro de información que actúa como panel de instrumentos y que también está disponible en los modelos Tiguan, Golf R y Polo, entre otros. En el sector de la consola central se ubica una pantalla táctil de 8”, monitor que brinda acceso a la plataforma App Connect y que además es compatible con el sistema Apple CarPlay.

Pespuntes rojos, practicados en el cobertor del volante, en el guardapolvo de la palanca selectora de velocidades y en la tapicería se encargan de otorgarle el toque deportivo a esta cabina, aunque son las finas terminaciones y los materiales de alta calidad los responsables de aclarar las dudas acerca del pedigrí de este automóvil; es un producto que apunta bastante alto en lo que respecta a percepción de calidad.

El puesto de manejo es muy confortable, con un volante anatómico y robusto, ostentando además unos grandes pedales de aluminio y mucho espacio para acomodarse correctamente. La visibilidad no es de las mejores, por culpa de unos espejos laterales pequeños y puntiagudos, y porque además la luneta está demasiado inclinada; al mirar por el retrovisor central se ven más los apoyacabezas que el entorno.

La dotación estándar no deja puntos sin atender, prestándole especial atención a la seguridad, ámbito que está reforzado con la presencia de seis airbags, controles de estabilidad y tracción, bloqueo de diferencial, asistente de partida en pendiente, luces automáticas y frenos ABS por supuesto. 

Comportamiento

La sigla GLi no sólo se refiere a un nivel de equipamiento mayor, sino que esas tres letras encierran un concepto mucho más amplio. La deportividad es uno de los puntos fortalecidos, mediante la presencia de una planta motriz turbo gasolinera de 2.0 litros que entrega 230 caballos y un torque de 350 Nm desde las 1.500 vueltas por minuto; es el mismo motor que impulsa al Golf GTi.

La transmisión es automática DSG de seis velocidades, un conjunto de doble embrague que ofrece una respuesta óptima y que logra una impecable administración de los erogues de la unidad motriz. La caja se puede operar como un conjunto manual, mediante levas ubicadas en el volante y también se ofrecen distintos modos de conducción, destacando en este sentido la modalidad Eco que permite mejorar la eficiencia energética.

El motor es poderoso y reacciona con mucha facilidad, siempre acompañado por unos acertados desarrollos de la caja de velocidades. La acción de este conjunto es tan perfecta, que en honor a la verdad no se requiere la intervención del piloto; lo mejor es dejar que la robótica se encargue del trabajo.

Pese a su alto performance el Jetta GLi no se torna insufrible en la ciudad, por lo que califa perfectamente como un “deportivo daily”, uno de esos automóviles bien dotados de potencia que nos alegran los desplazamientos al trabajo. Pero claro, no todo el condimento está concentrado en el motor, porque la plataforma es otro de los componentes que parecen obra de un artista; la suspensión ofrece un balance inalterable.   

En las curvas la carrocería conserva su horizontalidad, a pesar de los volantazos, y al momento de frenar a fondo el tren delantero casi no sufre los efectos de la compresión. La verdad es que el Jetta se comporta como un hatchback deportivo más que como un sedán, lo cual tiene mucha lógica considerando que varios eslabones de su ADN coinciden con el Golf GTi. Es un ejemplar muy bien concebido, una prueba viviente de que los sedanes también son capaces de dibujarnos una enorme sonrisa en el rostro.  

FICHA TÉCNICA

 Motor: 2.0 TSI 230 CV / 350 Nm 

Transmisión: Automática / 6 vel.

Tracción: Delantera

0-100 km/h: 6,8 seg.

Vel. Máxima: 245 km/h

Rend. Mixto: 11,7 km/l

Largo: 4.697 mm

Ancho: 1.799 mm

Alto: 1.459 mm

Entre ejes: 2.686 mm

Maletero: 510 lt.