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Volkswagen Jetta GLi, siguiendo la huella del Golf GTi.

Llega al mercado chileno el más potente de los ejemplares insertos dentro de la familia Jetta, un sedán que se vale de un motor turbo gasolinero (TSI) de 2.0 litros para pasar de 0 a 100 km/h en 6,8 segundos. Se trata del Jetta GLi, un modelo que a dos meses de su lanzamiento internacional -en el Salón de Chicago-, se agrega a la oferta local imponiendo nuevas reglas dentro de su categoría, y de paso confirmando el romance que Volkswagen tiene con la silueta tricuerpo; recordemos que Voyage y Virtus también son ofrecidos por la marca.

El Jetta nació en 1984, cuando una sencilla primera generación se convirtió en un digno legatario del Golf GTi, claro que apuntando a un público muy diferente. Al cabo de 35 años de maduración el Jetta alcanzó la cúspide en términos de calidad y desempeño, evolución que se presenta con tan sólo 50 unidades disponibles en Chile y costando $20.990.000; sobrepasa por 4 millones al R-Line, y ya veremos por qué.

La carrocería cuenta con una proa personalizada, sector en el que destaca el renglón rojo que la recorre horizontalmente y que se hace acompañar por una vistosa sigla GLi en el flanco derecho. En la vista lateral resaltan unas llantas de 18”, que casi no dejan espacio libre en sus cuencas, mientras que en la zaga se distingue la presencia de una doble salida de escape y de un deportivo deflector ubicado en la tapa del maletero.

En la cabina se disfruta de asientos y volante forrados en cuero, con pespuntes rojos lógicamente, al igual que de un moderno sistema de infotenimiento gobernado por una pantalla táctil 8”. También está presente el Virtual Cockpit, y el bloque de instrumentos es del tipo Active Info Display, que son unos marcadores digitales organizados dentro de un clúster de 10,25”.

Los pedales son de aluminio, la transmisión se opera mediante unas levas posicionadas detrás del volante, los asientos delanteros califican como butacas deportivas y, como parte de las amenidades, se ofrece un sistema que permite variar en diez colores la iluminación de la cabina.

Como ya lo anticipamos, lo impulsa un motor turbo gasolinero de 2.0 litros, el mismo corazón que palpita en el pecho del Golf GTi. Produce una potencia máxima de 230 CV a 4.700 rpm y un torque de 350 Nm a 1.500 rpm, erogues que son absorbidos por una transmisión DSG, de doble embrague y seis velocidades. La suspensión trasera es independiente, el diferencial autoblocante y, considerando el alto performance que entrega la mentada motorización, se optó por equiparlo con el mismo sistema de frenos que posee el Golf R.