Al momento

Chevrolet Camaro, la sexta generación pasó por el quirófano.

En 1967 comenzó a escribirse la historia del Chevrolet Camaro, el acérrimo rival de Ford Mustang, y uno de esos pocos ejemplares que han sido capaces de poner su nombre por sobre la marca que los acoge; los dueños de un Camaro no dicen “manejo un Chevrolet”…sino que pasan directo al apellido.

La buena noticia es que el mercado automotor chileno cuenta con este musculoso automóvil, que ya en su sexta generación sigue ofreciendo los mismos valores que lo hicieron tan popular en décadas pasadas. Su erogue de potencia es descomunal, te dibuja una sonrisa al conducirlo, y su ronca entonación nos transporta al pasado… cuando los automóviles tenían una personalidad clara y definida.

En las oficinas de General Motors Chile fue presentado el facelift de la sexta camada, en la que destacan las mejoras en materia de diseño y se ofrece una interesante evolución en las áreas de ergonomía y habitabilidad. También es importante señalar que la paleta de colores se amplió de modo considerable, poniéndose a disposición de los más atrevidos una tonalidad naranja fuerte, que no por casualidad nos recuerda la pintura que lucen algunos deportivos Dodge.

En la proa el Camaro agrega una amplificada toma de aire, cubierta en su totalidad con un tamizado de barras horizontales. Un fornido travesaño cruza todo el ancho, para dar sustento a las modernas luces de ledes y al envolvente parachoques; el corbatín fue calado en la citada barra, detalle que contribuye con la penetración de aire fresco. Las iniciales SS, que definen la versión, están ubicadas al costado izquierdo.

La zaga también exhibe cambios, sector en el que se percibe la clásica alineación de las luces piloto, esta vez de ledes, aunque en lugar de ser rectangulares se optó por un esquema ovalado. Un alerón casi a ras de carrocería se encarga de ornamentar la tapa del compartimiento de equipaje, solución aerodinámica que cumple un rol funcional, al igual que la toma de aire del capó y las hendiduras aplicadas en el techo.

En la cabina todo es correcto, desde los asientos hasta la ubicación de los mandos. Obviamente que no hay mucho espacio para quienes viajan en la banca trasera, ni la visibilidad es de las mejores hacia atrás, pero al final de cuentas el Camaro no fue concebido para uso familiar. Se anuncia la presencia de butacas Recaro, forradas con alcántara, y cuenta además con Head up Display, 24 opciones para colorear el ambiente de la cabina e incluye la tercera evolución del sistema MyLink con pantalla táctil de 8”; brinda acceso a las plataformas Apple CarPlay y Android Auto.

En el ámbito técnico el Camaro monta un poderoso motor LT1 V8 de 6.2 litros, un bloque capaz de producir una potencia máxima de 455 CV y un torque de 617 Nm; lo acompaña una debutante caja automática de diez velocidades. Los frenos están firmados por el especialista Brembo, en tanto que la suspensión es del tipo Magnetic Ride Control, sistema electrónico que realiza ajustes en función del terreno a razón de cada 10 a 15 milisegundos. Dentro de las novedades están el Launch Control y el Line Lock System, esto último un recurso electrónico que traba los frenos delanteros para que los neumáticos traseros giren libremente y se alardee de la potencia disponible.

El Chevrolet Camaro llega a nuestro país en sus variantes coupé y convertible, con precios de $36.690.000 y $38.690.000, respectivamente. Las expectativas de ventas señalan entre 5 y 7 unidades por mes, y como información adicional están las más 1.200 unidades que se han comercializado desde que el modelo regresó a la escena local.