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Convertibles, una tipología tan antigua como el automóvil mismo.

La historia de los convertibles, también conocidos como descapotables, comenzó a tejerse en el instante mismo de la creación del automóvil. Sin quererlo, los primeros ejemplares a cielo abierto comenzaron a verse junto a los pioneros de la automoción, en esos vetustos vehículos derivados de los carruajes; el Benz Patent-Motorwagen de 1886 no tenía techo…así que cuadra dentro del formato.

Pero si nos basamos en lo meramente técnico, dejando atrás el romanticismo, nos daremos cuenta que los primeros convertibles en un sentido puro comenzaron a verse en 1910, cuando la firma estadounidense Cadillac presentó un ejemplar que ofrecía la posibilidad de viajar con o sin techo, a voluntad del usuario, algo que ni el triciclo de Benz ni los cuadriciclos de Darracq, Peugeot y Renault fueron capaces de hacer.

De 1910 en adelante los convertibles no dejaron de ofrecerse ni mucho menos de evolucionar, llegando incluso a transformarse en una opción casi obligatoria en las diferentes marcas, sin olvidar por supuesto que se elevaron hasta un nivel aspiracional. En la década del 30 las hermosas carrocerías tipo “Phaeton”, convertibles de cuatro puertas, alcanzaron un altísimo nivel de preferencia entre los adinerados de la época, silueta que bajo la gestión de Duesenberg, Auburn, Mercedes-Benz, Lincoln y Cadillac, entre muchas otras, llegó a la cúspide en lo que a belleza arquitectónica se refiere.

No obstante, la verdadera esencia de un convertible radica en la deportividad por lo que iniciando los años cuarenta e incluso en los automóviles de la posguerra, fueron la carrocerías coupé las que conquistaron a los compradores del mundo. Los fabricantes de Estados Unidos tomaron la ventaja, con creaciones tan emblemáticas como el Ford Deluxe Roadster de 1940 o el Lincoln Zephyr Convertible de 1939, auténticas celebridades en el ámbito del coleccionismo.

En Europa no se cruzaron de brazos, y después de la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra muchos pequeños constructores se lanzaron al ataque, creando compactos ejemplares equipados con grandes motores, automóviles que en la mayoría de los casos contaban con techo abatible de lona; la escasez de metal sin querer ayudó a la masificación de los convertibles. Hay una larga lista de modelos que enumerar, pero dentro de los aciertos más conocidos están el MG Midget TD, el Jaguar XK120, el Triumph TR3A y, por supuesto, el Morgan 4/4.

En Alemania, Francia e Italia mucho tenían que decir, aunque por culpa de los estragos causados por el conflicto bélico estas naciones tardaron un poco más en sumarse a la tendencia; pero cuando lo hicieron el mundo del automóvil cambió para siempre. Por fin el Escarabajo de Volkswagen se ofreció en una versión convertible, el Citroën 2CV sentó las bases para un nuevo formato, con pilares rígidos y techo deslizable, en tanto que Fiat deleitó al público con el coqueto Topolino “semi-cabriolet”.

En pocas palabras hemos tratado de revisar el nacimiento y los años de consolidación de los convertibles, ejemplares que según su nacionalidad y tipo pueden adquirir las denominaciones Cabriolet, Phaeton, Roadster, Spider, Targa o Barchetta, entre otras. A este formato le quedan muchos años de vida y evolución, una permanencia que fue asegurada cuando a principios de los noventa se resolvió una de sus mayores debilidades: la seguridad en caso de volcamiento.