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KIA Cadenza, jugando en las ligas mayores

Para un fabricante como KIA Motors, que ha dedicado buena parte de su esfuerzo a conquistar los segmentos menos ostentosos del mercado, concebir una lujosa berlina de turismo para captar la atención de compradores más exigentes, representa un enorme desafío. Está claro que no se puede pasar de las divisiones inferiores a las ligas profesionales, no sin antes haber ganado el derecho de ir al ascenso.

Pero esta casa surcoreana ha acumulado mucha experiencia, se ha dado el tiempo de aprender y observar el entorno. Es por eso que cuando surgió un producto como Mohave, hace varios años ya, para luego continuar ascendiendo con Sorento, Grand Carnival y Quoris, surgieron voces que condenaron la actitud arrogante de la marca; como si KIA Motors no tuviera el legítimo derecho de superarse a sí misma.

El tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar, porque el fabricante de Seúl no sólo se dio maña para insertar los citados ejemplares en la parte alta del mercado, sino que también de sumar nuevos actores, como el protagonista de esta prueba, el Cadenza, sin olvidar por supuesto al modelo que está causando furor en el viejo continente…el Stinger.

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Tamaño considerable

Ya sea contemplándolo desde el exterior o ubicado en el puesto de mandos, el Cadenza se advierte como un sedán full size. Prácticamente llega a los cinco metros de largo, mientras que el ancho (1.870 mm) no lo convierte en un automóvil fácil de estacionar; por suerte que está equipado con sensores y cámara trasera. En esos pequeños aparcamientos urbanos cabe a penas, por lo que debe tenerse en cuenta este punto antes de adquirirlo.

En términos generales el diseño exterior me parece correcto, con un grácil toque de elegancia en el que no se intenta emular a las berlinas europeas. Tiene un estilo muy propio, y uno de los elementos que mejor lo definen es esa amplia parrilla frontal decorada con un tamiz encerrado dentro de un marco metalizado; su presencia es tan poderosa que no permite admirar los neblineros cúbicos…heredados del Sportage.

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El tercer volumen muestra una línea tan abatida que el techo casi se funde con el baúl; el pilar C prácticamente no existe como tal. No me parece un buen recurso estético, porque esta solución en lugar de acentuar la musculatura genera el efecto visual de estar contemplando una carrocería “pasada de kilos”. Lo positivo es que el maletero es muy amplio, ya que puede recibir 515 litros.

La cabina me impresionó en idénticas raciones en lo positivo y en lo negativo. En el primer punto debo destacar los materiales, las terminaciones y el equipamiento, que le hacen honor a esos 26 millones de pesos que se deben pagar por este sedán. En lo segundo se encuentra esa modesta (casi espartana) pantalla digital, la que además de lucir fuera de época ni siquiera deja ver con claridad la imagen proyectada por la cámara de retroceso; no entiendo por qué se optó por un display así de anticuado y pequeño, el que de ofrecer mayor superficie hubiese evitado inundar el tablero con tantos pulsadores. Ahora todo es táctil…pero tal parece que este KIA no quiso sumarse a la modernidad.

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Pasando a otro punto, los asientos son de lo mejor, el espacio para acomodarse no es mezquino, y la gran cantidad de portaobjetos dejará feliz al más “Diógenes” de los usuarios.

Buen tacto de manejo

En el apartado técnico lo primero es aclarar las dudas: la tracción es delantera, no trasera como se ha informado en algunos medios. Cuenta con un motor V6 de 3,3 litros, desplazamiento del que se desprende una potencia máxima de 280 CV y un torque de 333 Nm. Adherido al citado bloque GDI (gasolinero) está una transmisión automática de ocho velocidades, marchas que pueden operarse por medio de unas paddle shift.

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El motor responde muy bien, no del modo brusco en que lo haría un V6 de la escuela norteamericana, sino que con esa agradable gentileza que caracteriza a los asiáticos.

En modo automático la transmisión se siente ágil, por lo que casi sale sobrando el modo secuencial; si queremos jugar un rato claro que sirve, pero no noté que la reacción del coche mejore al manipular las levas del volante.

La generación de potencia me dejó satisfecho, pese a ese ligero retardo que hay entre el momento en que se pisa el acelerador y la máquina responde; el torque se manifiesta demasiado arriba del cuentavueltas, lo que no es bueno cuando se conduce en una ruta ascendente.

La suspensión independiente en ambos ejes soporta bien el peso inercial de la carrocería, el que por supuesto se ve ampliado el momento de ir a alta velocidad; en las curvas la comprensión del tren delantero es evidente, pero no hasta el punto de afectar la dinámica. La dirección es eléctrica, como el 99% de las que hay en el mercado, y en su defensa me animo a decir que este sistema es uno de los mejor calibrados que he podido probar.

La puesta a punto en general es correcta, tomando como referencia lo que se espera de una berlina de este tamaño. El performance está lejos de cortar la respiración, no obstante su calificación es alta porque en el asunto del confort de marcha no se cometieron errores.

Es cierto que a este KIA le faltan ingredientes para ofrecer el sabor que tienen las berlinas firmadas por Infiniti o Lexus, aunque considerando el vertiginoso ritmo con el que la marca está avanzando, no me sorprendería que en la siguiente generación ya no sea correcto medirla con esas divisiones de Nissan y Toyota, sino que con nombres de mayor linaje.

 

FICHA TÉCNICA

Precio: $25.990.000

Motor: 3.3L V6 280 CV / 333 Nm

Transmisión: Automática / 8 vel.

Tracción: Delantera

0-100 km/h: 7,7 seg.

Vel. Máxima: 230 km/h

Rend. Mixto: 10,5 km/l

Largo: 4.978 mm

Ancho: 1.870 mm

Alto: 1.470 mm

Entre ejes: 2.855 mm

Maletero: 515 lts.